Las claves estratégicas de la Segunda Vuelta en Ecuador

¿Cuáles serán las nuevas posiciones electorales y hacía donde se moverán las transferencias de voto? Lo analizamos brevemente en este artículo.

La presidencia del Ecuador se definirá nuevamente en una segunda vuelta el próximo 13 de abril, tras un empate técnico al 44% con el 98% de las actas escrutadas entre el actual presidente Daniel Noboa y su principal contendiente, Luisa González.

La percepción lo es todo.
Si comparamos los resultados obtenidos por ambos contendientes en la primera vuelta de las pasadas elecciones de 2023, donde Luisa obtuvo el 33.61% de los votos, y el a la postre Presidente Noboa el 23.47%, el actual Jefe del Ejecutivo ecuatoriano, ha crecido más de 21 puntos en esta primera vuelta, en contraposición al incremento de 11 puntos por parte de la candidata de la Revolución Ciudadana.

Sin embargo, la campaña de Luisa consiguió instalar una narrativa de victoria tras conseguir el mejor resultado en 1ra vuelta para el correismo en toda etapa posterior a las presidencias del “Mashi”. Y eso son palabras mayores.

La decisión de Noboa de no salir a comentar los resultados ha contribuido en esa misma dirección a instalar esa percepción de “victoria posible” por la principal fuerza de la oposición. Si tú no ocupas el hueco, ten por seguro que lo ocuparan los demás. Y ahí “RC”, enclavados hasta estas últimas elecciones en un marco mental de que “el correismo sólo gana, si lo hace en primera vuelta”, se movió rápido para intentar superar esa página en la historia política ecuatoriana.

Posibilidades de Alianzas
Finalizada la Primera Vuelta, cobra máxima fortaleza la campaña centrada en las definición de alianzas en perspectiva a la segunda vuelta. El escenario es el siguiente:

Ambos candidatos, de conseguir fidelizar a la totalidad de los votos recibidos para la segunda vuelta, necesitarían sumar una cifra ligeramente inferior a los 6 puntos para alcanzar el 50% de los votos necesarios para proclamarse vencedores.

Y ahí, el candidato del movimiento indígena Pachakutik, Leonidas Iza, tercero en primera vuelta con el 5,3% de los votos, ocupa ya un rol central en la definición final de esta elección. Históricamente vinculados al auge del expresidente Correa, ambos protagonistas dejaron recientemente en evidencia que las relaciones entre ambos acotres quizá no estén en su mejor momento. Árdua tarea, sin duda, para Luisa.

Algo similar ocurre con la nueva candidata y principal sorpresa de la elección, Andrea González, quien ocupó el cuarto lugar con
el 2,7% de los votos (dejando a todo el resto de contendientes por debajo del 1%). La candidata ambientalista ocupa un espacio central entre el anticorreismo y el oficialismo a la vez. Sin embargo, su perfil de centro derecha hace prever que se decline por apoyar a Noboa. “Votaré por el que me dé más libertad y no creo que sea el Socialismo del siglo XXI”, dijo recientemente.

Por su parte, Noboa presenta aparentemente una mayor dispersión del voto en el conjunto de candidatos y movimientos no alineados al correismo respecto al voto en bloque de 2023, al que deberá cortejar con carácter intenso. Al actual inquilino del Palacio de Carondelet, le resultará fundamental encontrar la fórmula para movilizar dicho apoyos a su favor, a la vez de intentar aglutinar la mayor cuota de votos posibles entre el voto nulo que en 1ra vuelta fué del nada despreciable 7%.

Y en esa misma línea, habrá que ver hacia dónde transitan actores como Henry Kronfle, del siempre relevante Partido Socisl Cristiano, o las bases de CREO, partido del expresidente Lasso, quienes pese a haber obtenido apoyos por debajo del 1%, terminarán jugando un papel decisivo en una elección TAN ajustada.

Una elección histórica
En cualquier caso, a Ecuador le quedan 2 meses de una polarización extrema, con dos candidatos con abiertas posibilidades de hacerse con el triunfo en un escenario altamente complejo.

Noboa pasa por un lado del outsider del 2023 a candidato oficialista en 2025. Y ese punto puede ser clave ante el potencial voto de castigo al Ejecutivo que exista en toda elección. Ese será uno de los principales caballos de batalla del movimiento de la “Revolución Ciudadana”.

La tradición electoral latinoamericana nos ratifica que, a excepción de unos pocos países como por ejemplo El Salvador y Republica Dominicana, en las últimas elecciones el Presidente no se reelige. Ya sea por limitaciones a la reelección. O también por el voto útil de castigo de la desafección ciudadana. Y ahí, el debate está servido.

La Revolución Ciudadana buscará ampliar la base más allá del voto “correísta”, posicionando a Noboa como el oficialismo que no ha conseguido resolver los problemas que hoy vive Ecuador y apostando por “una nueva etapa” en la que una en cierto modo a las Presidencias de Lenín, Lasso y Noboa.

Por su parte, la candidatura de Noboa probablemente buscará el equilibrio entre la idea del “pasado vs futuro” -en la que todo lo referente a la RC equivalga a prácticamente volver a dos decenios atrás- y alentar el voto en bloque “anticorreísta” en 2da vuelta para pedir la confianza por un nuevo período que, esta vez, vaya más allá de los 18 meses.

La disputa está servida. Y quién consiga ganar primero la partida del relato, y de la posterior movilización, será con toda probabilidad el próximo o próxima Presidente/a del Ecuador.